martes, 12 de octubre de 2010

La banda del Cucaracha

Mariano Gavín, alias "Cucaracha" fue un bandolero nacido en Alcubierre (Huesca) en 1838. Conocido como "el Robin Hood aragonés", fue el bandolero más famoso de la segunda mitad del siglo XIX en Aragón.

Nuestro protagonista nació en Alcubierre (Huesca) en 1838, donde pasó su juventud. Trabajó como pastor y a los 20 años se casó con Jobita Amador, una joven de su localidad. La vida en aquellos tiempos no era sencilla, y Mariano se vio obligado a robar un cordero en un corral. Fue descubierto por el dueño, y en un forcejeo para escapar le dispararó hiriendole en una pierna. A raíz de este suceso, Mariano Gavín se vió obligado a escapar de Alcubierre y vivir oculto en los Monegros. Tenía 24 años.

Iglesia de Alcubierre.

Mariano Gavín tomó el nombre de bandolero de "Cucaracha" (quizá debido a su pequeña estatura, piel morena, vestimenta negra y barba cerrada) y formó una banda de entre 4 y 7 hombres, asaltando caminos en los Monegros. El primer tipo al que reclutó fue Antonio Samperiz "El cerrudo" que acababa de fugarse de la cárcel de Cartagena. Como todas los bandoleros de la época, se dedicaban al asalto, robo, extorsión y secuestro.
Sierra de Alcubierre.

Los habitantes de la zona estaban atemorizados por los robos y asesinatos cometidos. Además, se cobraba un tributo a los lugartenientes de la zona mediante un curioso sistema de recaudación: Se mataba a una oveja como advertencia, y el pastor actuaba como correo para advertir a su amo que debía entregar una suma de dinero, como si de un impuesto se tratase.

El cucaracha detestaba a los ricos, y pronto se forjó la leyenda del Robin Hood aragonés. Existen varias anécdotas que que ilustran esta condición.

Se dice que un niño iba al molino montado en su burro cuando fue asaltado por el cucaracha, cuando este le preguntó cuando dinero llevaba encima el chico respondió "Solo dos pesetas, mi madre no me da más por miedo a que el cucaracha me las robe"; como respuesta, el cucaracha le dió un puñado de monedas mientras decía "Dile a tu puta madre que el cucaracha no roba, que quita el dinero a los ricos para dárselo a los pobres".

En La Puebla se cuenta que el Cucaracha mató a las dos viejas y flacas mulas del tío Ramulla y luego le dio dinero para que comprara otras. Más tarde volvió a comprobar que las había comprado, se dirigió al tratante de mulas y le robó el dinero que el tío Ramulla había pagado por las mulas.


Se enviaron a 30 guardias civiles al mando de un capitán para detenerle, pero esto no fue suficiente. Se labró una gran reputación por su facilidad para escapar de la justicia (incluso se llegó a acuñar la expresión popular "ser más vivo que cucaracha"). La banda iba ganando fama y miembros, hasta alcanzar el medio centenar, y nadie en la zona se atrevía a no pagar sus tributos. Siguió atemorizando a los habitantes de los Monegros durante 5 años, aunque llegó a extender su área de influencia hasta la ribera del Ebro, como lo demuestra la cueva que lleva su nombre en la Retuerta de Pina.

Poco a poco la Guardia Civil fue cerrando el cerco a su alrededor deteniendo a algunos de sus compañeros. El día el 28 de febrero de 1878, en el pueblo de Lanaja el boticario (Manuel Maza Lacasa) envenenó el vino que que iban a beber el cucaracha y su banda. Más tarde la Guardia Civil le tendió una emboscada en un corral a las afueras del pueblo y aprovechando su débil estado físico consiguió abatir al cucaracha y cuatro de sus secuaces ("El cerrado", "El herrero de Osso", "El molinero de Belver" y "El guarnicionero de Alcolea").

El corral de La Nica, donde fue abatido el Cucaracha.

Tras acabar con ellos, depositaron sus cadáveres en la plaza del pueblo e hicieron pasar sobre ellos a los niños de las escuelas para que tomaran conciencia del castigo que tenían los forajidos. Después de la muerte del cucaracha, los miembros de su banda se desperdigaron por la provincia formando pequeños grupos. También surgieron imitadores, como "El manco" de Villanueva de Sigena o "El peluca" de La Almolda.

Podeis encontrar más información aquí, aquí, aquí, aquí y sobre todo aquí.

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